En un pastizal de Alberta, Canadá, alguien me mostró unos círculos en el pasto.
Todos sabían cómo se llamaban.
Pero cuando pregunté por qué estaban ahí, las respuestas dejaron de ser tan claras.
Entonces pedí prestado un desarmador.
Lo introduje en el suelo dentro de uno de los círculos.
Entró fácilmente.
Lo intenté nuevamente fuera.
El suelo respondió de una manera completamente diferente.
¿Por qué?
En aquel momento no tenía una respuesta.
Años después, unas manchas verdes en un potrero de Nueva Zelanda llamaron nuevamente mi atención.
Y mucho después, en Texas, apareció otra pieza del mismo misterio.
¿Podrían tres observaciones, separadas por miles de kilómetros y varios años, estar mostrando partes del mismo proceso?
En esta Observación seguimos esas pistas.
No para apresurarnos a encontrar una explicación, sino para descubrir algo mucho más importante:
¿Cómo podemos aprender a reconocer procesos que no podemos ver directamente, pero que dejan evidencia frente a nuestros ojos?
Observación No. 13 — El mundo bajo nuestros pies
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Jaime Elizondo
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